Skip to content

La inteligencia artificial necesita a las personas

La inteligencia artificial supone una revolución similar a la que causó la electricidad en el siglo XVIII. Los datos son el petróleo del siglo XXI. 

En la cuarta revolución industrial, el desarrollo tecnológico modula nuestra experiencia vital: nuestro mundo es casi más digital que humano. En esta nueva realidad, la inteligencia artificial desempeña un papel muy relevante por su potencial y su impacto. El conocimiento de esta tecnología, la ética, los problemas de seguridad y la importancia del componente humano para gestionarla en las empresas son algunas de las ideas que se comentaron en la “Jornada Ética e Inteligencia Artificial” que tuvo lugar hace unos días. 

Ahora, los algoritmos solo pueden desarrollar una tarea concreta cada vez, pero puede llegar un día en el que sostengan un tipo de inteligencia más compleja y similar a la humana. La inteligencia artificial se introduce progresivamente en todos los sectores de la economía, la vida privada y la política. En consecuencia, cambiarán los modelos de negocio se incrementarán las brechas de seguridad y se verán desafiadas las ideas sobre lo que significa ser humano.. 

La inteligencia artificial, si bien se enmarca en la cuarta revolución industrial, no es algo nuevo. Surgió en los años 50 como disciplina que acompañaba al origen de los ordenadores. ¿Su objetivo? Desarrollar sistemas computacionales inteligentes que tuviesen como referencia la inteligencia humana, tal y como explicaba John McCarthy, el considerado padre de la inteligencia artificial. 

LOS TRES SISTEMAS DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

La inteligencia humana todavía no se comprende en su totalidad. Por ello, su homóloga artificial intenta emular mediante varias disciplinas algunas de las habilidades humanas. Sin embargo, los dispositivos inteligentes no han conseguido poner en práctica más de una propiedad humana simultáneamente. Esto da lugar a la clasificación de las competencias de la tecnología inteligente en tres sistemas según el filósofo inglés Nick Bostrom:

  • El primer sistema es el que acabo de mencionar y en el que nos encontramos actualmente, la inteligencia específica.
  • El segundo sistema, la llamada inteligencia artificial general, tiene como objetivo ser más similar a la humana y poder desarrollar varias habilidades al mismo tiempo. Algo de lo que todavía estamos lejos.
  • La singularidad, el último de estos sistemas, representa el potencial que llegaría a tener esta tecnología, puesto que superaría a la inteligencia humana. 

CONTRA LAS DESVENTAJAS DE LA IA, HUMANISMO

Nos encontramos pues ante una tecnología a la que todavía le queda un largo camino por recorrer pero que ya ha penetrado en todas las esferas de nuestra vida. Por el momento tiene propiedades que son transversales, invisibles y ubicuas y, además, permite hacer predicciones y abordar la complejidad del mundo de los datos, un aspecto fundamental para la arquitectura de esta inteligencia. 

Sin embargo, hay otras propiedades que no son tan positivas y que hacen que sea necesario acompañar esta inteligencia artificial con una dimensión más ética y humana. 

¿Cuál es el problema ético derivado del big data? No todo el mundo está en posesión de estos datos o no sabe cómo gestionarlos, por lo que se produce una asimetría. Además, la inteligencia artificial permite la creación de contenido sintético que, muchas veces, es indistinguible del contenido real. Hay softwares capaces de crear imágenes, vídeos, textos o audios artificiales que pueden suplantar la identidad de otras personas.  Las personas que tienen los conocimientos y las habilidades necesarias para diseñar este contenido mediante herramientas tecnológicas y difundirlo adquieren mucho poder, ya que dichos contenidos pueden usarse para influir en la opinión pública. 

Si a eso se suma que cada vez se llevan a cabo más ciberataques para acceder a la información de otros, se entiende por qué las decisiones sobre gestión de datos deben ser tomadas desde los valores humanistas. 

Los problemas y ventajas que surgen de la inteligencia artificial son muy amplios y afectan a gran variedad de ámbitos, pero para acotar me gustaría centrarme en el uso de esta tecnología en las empresas.

¿MÁQUINAS Y HUMANOS TRABAJANDO JUNTOS?

La inteligencia artificial, como he mencionado, permite aumentar las capacidades humanas. Es un elemento que cada vez cobrará más importancia en nuestros puestos de trabajo y, por ello, debemos saber cómo aprovechar sus fortalezas y entrenar las cualidades que hacen falta para manejarla. 

Me gustaría hacer mención al primer Barómetro sobre Ética e Inteligencia Artificial, presentado en el evento que comenté anteriormente. Esta encuesta revela información sobre el conocimiento de los CEOs sobre la IA, sus percepciones acerca del impacto y de los retos éticos que puede acarrear, así como la existencia de estrategias para incluirla en el seno de sus empresas.

Un 78 % de los encuestados piensa que la IA optimiza la operativa de la empresa y mejora la toma de decisiones. Un 56 % cree que los mayores inconvenientes son la vulnerabilidad de los sistemas de ciberseguridad y la toma de decisiones errónea.

Con respecto a la calidad de esta inteligencia, un 26 % considera que las máquinas ya tienen una inteligencia superior a la humana (es decir, que han alcanzado la singularidad que comentábamos antes), y otro 26 % cree que esto nunca ocurrirá. Un 52 % estima que es imposible distinguir un vídeo real de uno falso y, por último, un 52 % rechaza la idea de que un sistema de IA pueda formar parte de un Consejo de Administración. 

Los resultados de esta encuesta ayudan a saber qué habilidades son necesarias para liderar la inclusión de estos sistemas y hacer que sirvan al beneficio humano. Las empresas que prevén escenarios de colaboración entre máquinas y humanos incrementan su producción y sus beneficios. 

Carme Artigas, exsocia directora de Synergic Partners, secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial desde este año y una de las mayores expertas europeas en datos, considera que la inclusión de la inteligencia artificial en la empresa debe ir alineada con la estructura de valores de la ciudadanía. Esto se traduce en tener normas de conducta y de buenas prácticas para evitar sesgos en los sistemas o garantizar la transparencia con los algoritmos. Si se hace así, la inteligencia artificial traerá beneficios tanto a la esfera pública como a la privada.

EL POTENCIAL DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL NO ES NADA SIN LAS PERSONAS

Esta tecnología complementa a la fuerza humana en los aspectos en los que las personas no son tan buenas: ayuda a tomar mejores decisiones basadas en datos y a eliminar el error humano respecto a las brechas de seguridad. El potencial de la inteligencia artificial no es nada sin las personas, ya que son estas las que poseen los conocimientos técnicos, conocen hasta dónde pueden llegar estos sistemas y pueden implementar estrategias acordes. 

Las soft skills como la comunicación ejecutiva, las habilidades sociales y el interemprendimiento habilitan la evolución de la cultura de la empresa y fomentan la humanización de la tecnología. Asimismo, estas habilidades blandas permiten gestionar el talento especializado en inteligencia artificial, que está en continuo movimiento.

¿Llegaremos algún día a ver a una máquina ocupando nuestros puestos porque su inteligencia sea superior a la nuestra? De momento es improbable, pero debemos estar preparados para su integración en la vida pública, privada y corporativa. Es necesario que adquiramos las competencias necesarias para adaptarnos y sacar el máximo provecho de la inteligencia artificial. 
Y, para ello, me gustaría acabar con una reflexión que hizo Nuria Oliver, Chief Data Scientist en Data-Pop Alliance y nombrada una de las once personas más influyentes en IA en el mundo: “La educación es el eje fundamental para el futuro compartido entre máquinas y humanos”. Una educación que no solo tiene que incorporar el pensamiento computacional que proporcionará las competencias necesarias para este cambio de paradigma, sino que debe incluir la enseñanza de habilidades propias del ser humano. Si esto no sucede así, probablemente no obtengamos todos los beneficios inherentes a la inteligencia artificial.

Share on linkedin
Share on twitter
Share on facebook
Share on whatsapp
Share on email

Comentarios

Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *