Autónomos y emprendedores, Humanismo digital, PYMES

El panorama empresarial en otoño de 2020

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En el momento de escribir estas líneas faltan pocos días para que termine agosto y con él se acaban los días de vacaciones para muchos profesionales en España. Normalmente, en estas fechas terminan esos días de descanso y desconexión tan apacibles que nos dan cierta sensación de irrealidad y se presenta el mes de septiembre, con su vuelta a la rutina —deseada para muchos—, las preocupaciones, los horarios y el trabajo duro, pero también el estímulo de nuevos retos y proyectos que nos harán crecer. 

El problema es que este mes de septiembre será notablemente diferente. Al cierto estrés habitual de otros años se sumará la omnipresente incertidumbre provocada por la pandemia de la covid-19. Históricamente, en agosto, se han bajado las persianas y ningún problema parecía suficientemente importante en nuestro país hasta que la dura bofetada de la realidad restallaba en nuestra cara con el inicio del nuevo curso. Esta vez tampoco ha sido distinto.

Un panorama complicado

En este momento, España supera los 3,3 millones de desempleados y la tasa de paro juvenil alcanza cotas del 74 %. Lo cierto es que las previsiones más optimistas contemplan una recuperación solo a largo plazo. La propia AIReF —Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal—, en previsiones del mes de julio, estimó que el PIB anual caerá entre un 10,1 % y 12,4 %, siempre en función de lo que dure la pandemia y la posibilidad de rebrotes, algo que en estos momentos no ofrece un paisaje tranquilizador. 

La AIRef prevé que a partir de 2021 podrá haber recuperación, aunque será moderada e incompleta. Entre los factores más desequilibrantes estarán la continuidad de las medidas de distanciamiento, pero también otros elementos estructurales de nuestra economía, como la temporalidad del empleo o un mapa empresarial basado en pymes cuya vulnerabilidad a las dificultades económicas y financieras es necesariamente mayor. 

A estas previsiones se suman otros datos, como que el 70,5 % de las compañías de nuestro país no contratará personal en lo que queda de 2020 y los planes de reducción de plantillas se ha incrementado un 40 %. Por último, hasta un 30 % de las empresas consideran que deberán aplicar recortes salariales. 

Los planes para el sostenimiento del empleo y la economía, basados fundamentalmente en los ERTE, darán un poco más de oxígeno. Desde abril hasta junio el Estado ha gastado 8.091,7 millones de euros en prestaciones, se han prorrogado las ayudas hasta el 30 de septiembre y con bastante probabilidad se ampliarán hasta finales de año. En este sentido supone un respiro la aprobación del Programa SURE por la Comisión Europea. Nuestro país recibirá algo más de 21.300 millones de euros, destinados a financiar hasta el 70 % de los programas ERTE, incluyendo las prestaciones a los trabajadores y las cotizaciones sociales que se ahorrarían los empresarios. No obstante, el programa no se pondrá en marcha hasta que todos los países de la Unión aporten su aval y además deberá ser aprobado en última instancia por el Consejo Europeo. Es previsible que las ayudas lleguen hacia el otoño, pero quedan pendientes importantes trámites. 

Aunque se trate de medidas paliativas, no transformadoras, resulta imprescindible que los gobiernos garanticen el acceso a las ayudas financieras, que estas lleguen de manera efectiva y que se incremente la cooperación y la acción coordinada de las administraciones para incrementar la confianza en la medida de lo posible. 

Sectores deprimidos y sectores al alza 

Las restricciones en la movilidad, las medidas de distanciamiento social y aforo o los episodios de confinamiento repercuten con dureza en la hostelería, los viajes y el turismo. Son las actividades tradicionales del sector servicios las más directamente golpeadas por la crisis, precisamente las más importantes de nuestro país. Sin embargo, no todo son malas noticias. 

Algunos sectores han respondido muy bien, e incluso han salido reforzados en el nuevo contexto. El transporte de bienes, la mensajería y la distribución son ejemplos claros. El incremento de las ventas en las plataformas digitales ha provocado una fuerte demanda de empleo en este ámbito. También ha ocurrido en el de la alimentación o en el de producción de bienes de primera necesidad —productos higiénicos y sanitarios— cuyas estructuras se han visto exigidas al máximo durante la pandemia y ha supuesto el incremento de personal y el perfeccionamiento de todos sus procesos. 

Desde luego las empresas de amplia base tecnológica son las que mejor comportamiento han tenido dentro y fuera de nuestro país. Inteligencia artificial, big data, computación en la nube, la gestión de centros de datos, ciberseguridad, comercio electrónico u ocio digital están “tirando del carro” e incluso incrementando su volumen de negocio. 

Una oportunidad sin precedentes para quien sepa aprovecharla

Una crisis sin precedentes —por el grado de avance de la globalización—, ofrece pese a todo oportunidades sin precedentes. Las llamadas de atención sobre la necesidad de acelerar la digitalización de nuestra economía han cobrado más relevancia que nunca. Lo que antes era una necesidad es ahora una imposición urgente. Desgraciadamente tendrá que llevarse a cabo a la fuerza y muchos se quedarán por el camino.

Sin ir más lejos, el auge de sectores de población tan importantes como los milenials, combinado con la extensión de las nuevas tecnologías, están motivando nuevas pautas de consumo, cambios estructurales que desde el lado de la oferta solo se están comenzando a atender. En la nueva situación queda un espacio enorme entre las demandas de la sociedad de consumo y lo que pueden ofrecer nuestras empresas. Los grupos de inversión de referencia advierten en sus análisis que el esquema de “winners take all” está más vigente que nunca. Quien llegue antes podrá ganar amplias cuotas de mercado con relativa facilidad, pero las empresas españolas no estarán en condiciones de llegar y mantenerse sin tejer alianzas con otras organizaciones y apostar por el crecimiento y la internacionalización

Junto a la digitalización, el crecimiento de nuestras empresas ha sido siempre la principal exigencia. El nuevo contexto potencia tendencias que ya existían antes de la pandemia, como la regionalización de la producción, pero también la aceleración en la transición energética, la industrialización de la cadena de suministros o la adopción definitiva de las compras en línea, las entregas a domicilio y el uso de otros productos digitales en todos los sectores, desde el educativo y sanitario al ocio. Las pymes españolas son demasiado pequeñas, y por tanto excesivamente vulnerables a distorsiones y crisis como la generada por el COVID. Lo que hace unos años podría haber sido una transición escalonada, con programas de ayuda financiera para la transformación, es ahora un escenario en el que muchas personas y compañías lo pasarán francamente mal. Algunas organizaciones simplemente desaparecerán —ya lo están haciendo—. Otras podrán sobrevivir adoptando cambios forzados, orientados a la digitalización y al crecimiento (basado en alianzas estratégicas con otras empresas), generando así economías de escala y perfeccionando la conexión entre lo global y lo regional-local. 

Una visión humanista 

La hoja de ruta que proponemos en este blog, sea en transiciones ordenadas o en transformaciones forzadas por las circunstancias, tiene que ver con una perspectiva humanista, una visión de horizontes amplios que, para alcanzar los restos concretos de la digitalización, el crecimiento y la sostenibilidad de las empresas, sea capaz de ver más allá si quiere alcanzar el éxito y el equilibrio. 

Humanista significa colocar al ser humano, sus necesidades y su bienestar en el centro de todas las consideraciones, dentro de la organización y fuera de ella, en un sentido equilibrado respecto al medio en el que nos desarrollamos y que nos ofrece todo tipo de sustento, también respecto al resto de los seres vivos. 

Tal y como han señalado expertos y organismos como la OMS, el coronavirus surge en un mundo de «superpoblación, globalización y emergencia climática». La salud, la solidaridad y la cooperación no entienden de fronteras y esta crisis está poniendo negro sobre blanco la carencia de una gobernanza global. La perspectiva ética humanista propone que cada uno de nosotros, desde nuestro puesto de responsabilidad, sepamos y queramos construir alianzas con los demás, sin recaer en el ombliguismo y en el excesivo cortoplacismo. Cualquier objetivo de recuperación económica y empresarial será inútil e insostenible si no hacemos nuestra esta idea. 

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Luis Pardo Céspedes

CEO de Sage para España y Portugal. Mi pasión es hacer crecer negocios, PYMES y personas a través de digitalización, innovación y liderazgo. Mi último libro trata sobre #humanismodigital.

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