Digitalización, Humanismo digital

Retos de la micromovilidad urbana

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El análisis de las consecuencias de la pandemia y el confinamiento es una tarea ardua que se extiende por diferentes estratos y empapa los asuntos más variados. En mis anteriores artículos he hablado de las consecuencias para la economía o el empleo. Hoy me gustaría abordar un tema que también se ve influenciado, como casi todo, por la pandemia actual: la movilidad urbana.

Las medidas de distanciamiento físico necesarias para minimizar la propagación del virus hacen que muchas personas estén buscando alternativas al transporte público, aceptado desde los inicios como uno de los focos de contagio más probables debido a las aglomeraciones y a las superficies expuestas al contacto de mucha gente. Por cierto, que algunos auguran que la pandemia hará que en el futuro el transporte público sea mucho más seguro y consciente.

Hasta que ese momento llegue, los coches, motos, bicicletas y patinetes compartidos pueden ser buenas alternativas para desplazarse en solitario o con pocas personas y minimizar, así, el riesgo de contagio. Por algo en Wuhan, el lugar donde se originó la pandemia, el uso de servicios de alquiler de bicicletas se disparó durante el mes de marzo. También ocurrió en otras ciudades como Nueva York, cuyo alcalde desaconsejó el uso del transporte público. En las primeras semanas tras el confinamiento de España, BiciMad (el servicio de bicicletas eléctricas del ayuntamiento de Madrid) recibía 300 altas diarias. Este sector puede ser, por tanto, uno de los pocos prudentemente beneficiados por la poco habitual situación que estamos viviendo.

La oferta actual de coches, motos, bicicletas y patinetes

Hace ya años que están proliferando en las ciudades distintas opciones de transporte, entre las que destacan las eléctricas y las colaborativas. Su surgimiento fue la respuesta lógica, por un lado, a la preocupación por la sostenibilidad y, por el otro, a las plataformas colaborativas que surgían en otros muchos ámbitos (como los alquileres vacacionales, la compraventa de segunda mano y otras tantas áreas) y que tenían la ventaja de aprovechar el poder de las redes de personas y las recomendaciones. El componente común es la tecnología: todas ellas se contratan y gestionan mediante aplicaciones móviles, por lo que consiguen una interacción directa con el usuario durante todo el proceso de reserva y disfrute.

Las modalidades existentes comienzan con el omnipresente Uber (vehículos con conductor similares a los taxis pero que pueden ser reservados con antelación, ofrecen presupuesto anticipado, seguimiento de la ruta y otras ventajas), seguido de cerca por opciones similares como Cabify o Lyft. Después están los coches eléctricos como Zity o Car2go, que puedes encontrar aparcados en la calle, y los que ofrecen alquileres por horas y se encuentran en parkings determinados como Respiro.

Si seguimos bajando de tamaño encontramos las motos de alquiler como eCooltra, Acciona o Movo; los servicios de alquiler de bicicletas (tanto privadas como públicas) y por último los de patinetes. En Madrid, por ejemplo, hay actualmente 22 empresas de patinetes autorizadas (aunque no todas tienen flota operativa). Algunas son VOI, Wind, Lime, Bird, Acciona y Jump.

Según un informe de CB Insights, la demanda de estos medios de transporte aumentará y las empresas que consigan consolidarse se moverán en un sector millonario.

Hasta que ese momento llegue, la situación que viven estas startups de micromovilidad no es tan alentadora. Un inversor de Lime, una de las empresas de patinetes más populares a escala mundial, es menos optimista: augura una crisis del formato en Europa y cree que solo un par de empresas de patinetes sobrevivirán, debido a que este sector es «un duopolio natural» y una oferta demasiado amplia confunde al consumidor. Confía en que ellos serán una de esas supervivientes, ya que se espera que la empresa sea rentable en 2021. No así la homóloga estadounidense Bird, que tuvo que despedir a 1.400 personas en abril.

En China, las empresas de bicicletas como Ofo, Bluegogo, Gobee y Mobike tienen excedente de dispositivos. Cuentan en Gizmodo que estas empresas tienen muchas más bicicletas abandonadas o rotas que usuarios, y eso ha dado lugar a imágenes impactantes de “cementerios” de bicicletas que son desguazadas o revendidas.

¿Por qué les cuesta encontrar la estabilidad y la rentabilidad? ¿Qué problemas se encuentran estas compañías? Lo analizo a continuación.

Retos de la micromovilidad

Según Business Insider, el principal reto al que se enfrentan estas empresas es el de la rentabilidad. A muchas de ellas les lleva años empezar a ganar dinero, debido a causas como los márgenes bajos o el vandalismo y los robos, que hacen que la vida útil de las flotas sea breve. A esto se une el alto coste de un mantenimiento adecuado, que hace que a menudo los dispositivos no se encuentren en condiciones óptimas, lo que revierte en la experiencia de los usuarios y en su valoración de la empresa en un momento en el que dichas opiniones tienen más peso que nunca.

No es un secreto que las iniciativas municipales de bicicletas eléctricas (por ejemplo, BiciMad en madrid), en muchas ocasiones, no son rentables. Los ayuntamientos las ponen en marcha para crear hábito y conseguir ciudades más sostenibles, pero no ganan dinero con ellas.

Algunas empresas, como la de motos eCooltra, han optado por combinar el modo “sharing” (en el que los medios de transporte se comparten entre muchos usuarios) con alquileres tradicionales de duración más larga. Esto les ha permitido tener una mayor estabilidad y ser más rentables.

Las propias ciudades deben cambiar para que estos modelos de negocio florezcan. Mientras que en algunas ciudades europeas como Ámsterdam, Copenhague o Barcelona las bicicletas son un elemento más del paisaje urbano, en otras muchas las calles no están adaptadas a ellas ni los conductores acostumbrados. Milán y Francia, por ejemplo, están ensanchando ahora sus carriles bici. 

Queda mucho trabajo de planificación urbanística por hacer para que las distintas opciones puedan convivir sin perjudicar a las otras ni al medio ambiente. No debemos olvidar que el clima también hace algunas de estas opciones más viables en algunas ciudades que en otras. Y tampoco podemos dejar de mencionar a los peatones, ya que andar es el medio de transporte más sostenible y las ciudades deben ser amables hacia los que caminan (reservándoles un espacio suficiente y seguro). 

A esta modificación física de las ciudades para que tengan cabida las opciones de transporte sostenible hay que añadir un cambio de regulación: en la actualidad, algunas ciudades como Barcelona o países como el Reino Unido han prohibido las empresas de patinetes de alquiler (en el caso de Barcelona, sí que se permiten los turísticos). En los países asiáticos estas empresas han crecido a mayor velocidad dado que las regulaciones al respecto son más laxas.

La tecnología también tiene mucho que decir en esta transformación de las ciudades. Desde bicicletas inteligentes que recogen big data sobre el clima y otras variables hasta sistemas inteligentes de movilidad que aporten información sobre las zonas más concurridas o sistemas inteligentes de aparcamiento con sensores (como los que ya existen en los parkings de algunos centros comerciales) que indican al conductor dónde hay espacios libres.

Los estadounidenses gastan una media de 99 horas al año en atascos, lo que se traduce además en un coste económico y medioambiental. ¿Cambiarán las startups de movilidad el modelo imperante de transporte urbano en las grandes ciudades sin limitar la privacidad ni la libertad de los ciudadanos? ¿Dejaremos de tener coches en posesión de manera generalizada? 

En las películas de ciencia ficción siempre nos imaginábamos las ciudades del mañana más futuristas y tecnológicas. Pero a lo mejor el verdadero futuro de las ciudades pasa por que vuelvan a ser más humanas.

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Luis Pardo Céspedes

CEO de Sage para España y Portugal. Mi pasión es hacer crecer negocios, PYMES y personas a través de digitalización, innovación y liderazgo. Mi último libro trata sobre #humanismodigital.

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