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Readaptación y nuevas oportunidades de empleo tras la “tormenta perfecta”

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Expertos, empresarios, académicos y profesionales de todo tipo han advertido durante años de que la innovación tecnológica y la extensión de la economía digital transformaría sin remedio a las organizaciones, a las empresas y a nosotros mismos. En la mayoría de estos pronósticos la idea sostenida era que sería un cambio más o menos progresivo —si bien acelerado— que de momento tenía como horizonte temporal la década de 2030, tiempo en el que muchos de los empleos tradicionales, de baja cualificación o poco automatizados, acabarían por desaparecer definitivamente.

Estos cambios se examinaban con la lupa del avance inevitable del progreso —con ganadores y perdedores, destrucción creativa mediante—, pero aquellos pronósticos y advertencias tenían como objetivo precisamente suavizar esa transición y preparar a todos los agentes sociales de la mejor manera posible para afrontar los cambios. Pues bien, la crisis del coronavirus ha supuesto un ínterin, una de esas tormentas perfectas que de cuando en cuando ocurren en la historia y que difícilmente pueden preverse en los análisis.

Se podría decir que con la pandemia todo ha cambiado y hasta cierto punto que nada lo ha hecho. Me explico: el coste humano ha sido terrible, gran parte de las economías y sociedades del globo se han paralizado casi por completo durante muchas semanas o incluso meses. Las previsiones de crecimiento, empleabilidad, intercambio de servicios y productos se han desplomado en apenas unas jornadas. En este sentido, el cambio es bien visible, pero al mismo tiempo las tendencias que se observaban en cuanto a la transformación digital y sus efectos en la economía y en el empleo siguen perfectamente vigentes, acaso reforzadas. Se han acortado el tiempo y el margen de maniobra para adaptarnos, se han acelerado algunas tendencias, pero las necesidades de adaptación son exactamente las mismas.

No es solo un tópico: las crisis abren nuevas oportunidades

Desde una perspectiva empresarial y macro el panorama parece más o menos claro. La crisis de la COVID-19 ha reforzado el avance de la economía digital frente a lo físico, pero también han avanzado las desigualdades y los desequilibrios. La brecha tecnológica y de competitividad entre países, entre bloques económicos y entre tipos de empleo se ensanchará aún más. En todos los países y desde luego en España, las instituciones públicas deberán comprometerse en profundos planes de reconstrucción orientados a la creación de empleo, a la protección de sectores importantes en riesgo y a la atracción de inversiones estratégicas en sectores de futuro como el digital, el tecnológico, el sanitario y la economía verde. Son retos enormes e inaplazables que si antes estaban encima de la mesa ahora podrían estallarnos en la cara.

Pese a la incertidumbre, esta crisis ofrece oportunidades de todo tipo para las personas y las empresas. El teletrabajo masivo es uno de los cambios que más han evidenciado el salto. Para las empresas ha supuesto un desafío logístico y tecnológico, para las personas ha exigido gran disciplina mental, gestión eficiente del tiempo, más trabajo colaborativo y uso de herramientas a las que estaban poco habituadas. Resulta de gran interés el grado de autonomía y responsabilidad que cada profesional ha asumido en el nuevo contexto, su capacidad de adaptación, de trabajo en red, de comunicación constante, de generación de ideas nuevas, de servicio al cliente o al usuario… son magníficas noticias en medio de tantas otras malas y materializan la idea de que la tecnología funciona como soporte y revulsivo para el crecimiento, el desarrollo y la autonomía de las personas. En este tiempo todos hemos tenido ocasión de descubrir nuevas posibilidades, formarnos, pararnos a pensar y planificar mejor nuestro futuro, demostrarnos a nosotros mismos que podemos superar retos y que la tecnología correctamente orientada es una aliada indispensable.

Por si todavía era necesario, los últimos acontecimientos han confirmado que las personas continúan siendo el recurso más valioso de cualquier organización y esto es algo que no cambiará. Todas las organizaciones han tenido que adaptarse sobre la marcha en mayor o menor grado para asegurar unos mínimos en la continuidad de negocio y para reinventar la manera en que prestan servicios o entregan productos, pero esto no es posible si no se logra reactivar la demanda y llegar a los clientes de maneras distintas. Las personas integran de principio a fin toda la cadena de valor y con su experiencia, ideas y perspectivas han ayudado a diseñar las estrategias que permitirán a las empresas salir adelante. Sus perfiles son tan diversos como el propio mercado, pero las competencias digitales y las habilidades blandas siguen siendo transversales a la mayoría de ellos y son claves para la empleabilidad.

Capacidades tecnológicas y transversales como garantía de empleo y reactivación de las empresas

La tendencia natural es pensar que en un período incierto y de crisis las oportunidades de empleo se reducen, pero no es exactamente así. Sin ir más lejos el sector IT y de las telecomunicaciones ha generado empleo de calidad —el que más— durante los meses de pico de la pandemia. Se trata de uno de los segmentos más importantes para lograr que la economía remonte y se cree empleo. No obstante, los informes y artículos de prensa especializada insisten en que la demanda de especialistas TIC en España no se cubre. No hay suficientes candidatos con perfil adecuado que permitan llevar a cabo los planes de transformación digital que necesitan las empresas españolas. Se ha dicho que “los expertos digitales son inmunes al desempleo e incluso tienen el privilegio de escoger qué puesto les conviene más”, y es cierto. Existe aquí una oportunidad muy importante.

 Por otro lado, en tiempos de convulsión económica, las startups digitales son el vehículo que está reinventando múltiples sectores, desde el financiero e inmobiliario hasta la ciberseguridad, pasando por viajes y turismo, educación, logística, investigación o deportes. Son iniciativas con una fuerte carga tecnológica que cobrarán todavía más ventaja con la “nueva normalidad”. Funcionan como motor de la innovación, sus características les permiten ser muy flexibles ante las circunstancias cambiantes y ofertan puestos de trabajo de mucho valor, atrayendo perfiles técnicos a los que se demanda, cada vez más, otras habilidades que no suelen estar respaldadas por un título específico y que son más intangibles.

La adaptación es y será el santo y seña para cualquier perfil en cualquier empresa. El upskilling y reskilling de equipos se está convirtiendo en una estrategia casi obsesiva de las compañías que quieren sobreponerse y avanzar. La formación constante, reaprender conceptos o renovar metodologías de trabajo son más imperativos en las nuevas circunstancias. A los directores de departamento y a los jefes de equipo o de proyecto se les pedirá asumir un nuevo tipo de liderazgo, mucho más próximo a sus equipos. Se les exigirá también visión estratégica, capacidad de gestión del cambio y habilidades comunicativas. A los empleados en general y a los nuevos profesionales contratados se les valorará por su polivalencia y habilidades orientadas a lo comercial, con capacidad para enlazar de nuevo con los clientes, en un tiempo en que el mercado de la demanda ha quedado parcialmente desarbolado.

Los expertos están hablando de «reconstructores digitales» como un perfil híbrido destinado a cambiar el modelo de relacionarse dentro de las compañías, con los proveedores y con otros stakeholders. Son perfiles que exigen liderazgo, pero todavía no está determinado quién es líder y quién no. En escenarios de reconstrucción las oportunidades están abiertas para todo el mundo y se espera que todo el equipo, de alguna manera, pueda llevar adelante pequeños cambios que repercutan positivamente en el conjunto. Son los directivos los llamados a cambiar las mentalidades para hacerlo posible, armonizando las diferentes propuestas con la vista puesta en el largo plazo.

En un mundo cada vez más complejo nadie contará con el conocimiento suficiente para llevar la empresa y superar los retos por sí solo, requerirá de habilidad social y de capacidad para rodearse y gestionar equipos que colaboren a poner el proyecto en marcha. Al conocimiento técnico, la experiencia y una firme formación en valores deberá sumarse un cóctel de habilidades blandas —no todos las mismas, pero sí algunas de ellas— como la capacidad de improvisar, la inteligencia emocional, la humildad, las habilidades comunicativas, el espíritu crítico, el pensamiento analítico y la capacidad de trabajar en equipo.

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Luis Pardo Céspedes

CEO de Sage para España y Portugal. Mi pasión es hacer crecer negocios, PYMES y personas a través de digitalización, innovación y liderazgo. Mi último libro trata sobre #humanismodigital.

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