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La brecha digital durante la pandemia de la COVID-19

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En España, muchas personas (con la excepción de los que tienen trabajos esenciales en esta pandemia) llevan confinadas en sus domicilios más de un mes y medio. Durante ese tiempo, hemos visto cómo las relaciones sociales y laborales han dado un vuelco. Casi todas las acciones que llevábamos a cabo en el mundo físico han encontrado su traducción en el digital. Me interesa especialmente el modo en el que algunas personas que apenas hacían uso de la tecnología se han lanzado de cabeza a su particular transformación digital.

Hemos visto a abuelos teniendo videoconferencias con sus nietos o a “baby boomers” (nacidos entre 1946 y 1965) realizando sus compras online y recibiéndolas sin contacto en el rellano de sus domicilios.

Todos sabíamos que eran muy capaces de utilizar estas tecnologías, eso nadie lo ponía en duda. Pero que la oportunidad existiera no les convenció para elegirla. Tampoco la insistencia de sus hijos o nietos. Lo que les ha hecho decidirse en masa ha sido la necesidad. ¿Acaso no han sucedido así los grandes cambios de la historia? ¿No han tenido su origen en crisis las mayores innovaciones tecnológicas? Los mayores han aceptado las opciones online cuando han sido las únicas disponibles. El ser humano es, de forma natural, reticente al cambio. Y estas personas, hasta ahora, no encontraban motivo para cambiar sus cómodas visitas al super o sus encuentros presenciales con sus seres queridos. Pero ahora sí lo han encontrado.

¿Qué es la brecha digital?

Hace ya 19 años, la OECD definía “brecha digital” como “la división entre individuos, hogares, áreas económicas y geográficas con diferentes niveles socioeconómicos con relación tanto a sus oportunidades de acceso a las tecnologías de la información y la comunicación como al uso de internet para una amplia variedad de actividades”. 

Dicha desigualdad impacta sobre las oportunidades para encontrar trabajo, emprender, ser parte del sistema financiero o completar la educación y que se incrementa a medida que se desarrollan nuevas tecnologías. En este listado de áreas de impacto es obligatorio añadir ahora una: las oportunidades para desenvolverse e incluso reinventarse en el nuevo escenario que ha creado la pandemia de la COVID-19. En él, de una forma más radical que nunca, los que no estén digitalizados no podrán participar de la moderna economía mundial. 

Entidades como Acción contra el hambre advierten de que la crisis actual puede acentuar ciertas desigualdades, entre las que se encuentra la brecha digital (aunque no es la única).

Yo quiero creer que, para cuando el virus ya no sea un peligro, nos habremos sumergido tan de cabeza en la tecnología que ya será casi impensable una vuelta a modelos de negocio analógicos como los que aún resistían antes de 2020. 

La brecha en el mundo empresarial

Traduzcamos esto al mundo empresarial. Las compañías que se transformaban de forma perezosa e insuficiente, ¿no necesitaban acaso también un motivo claro para hacerlo? Las que procrastinaban los cambios, ¿no lo harían porque era más cómodo seguir como siempre, porque no había ninguna necesidad imperiosa de hacer las cosas de otra forma? Muchas empresas que pensaban así han tenido que adaptarse ahora a marchas forzadas. Eso tiene algunos inconvenientes: la transformación, en ellas, no ha podido hacerse de forma gradual como es recomendable; y a algunas las ha encontrado sin los recursos necesarios para digitalizarse con garantías. El teletrabajo no puede desplegar sus virtudes cuando se impone en procesos o puestos de trabajo inadecuados para él.

Pero esta digitalización forzosa tiene también algunas ventajas: hay quien ha encontrado el empujón que le faltaba para decidirse a confiar en el almacenamiento en la nube o en los procesos colaborativos. Según Torbjörn Fredriksson, jefe de economía digital en la Conferencia de las Naciones Unidas de Comercio y Desarrollo (UNCTAD), «una vez que la economía repunte, veremos una economía y una sociedad más digitalizadas, pero solo en los países que han podido aprovechar esas herramientas digitales”.

La brecha en la educación

La brecha digital no solo afecta a las personas de más edad y a los trabajadores no preparados para ser productivos desde casa. Es también un grave problema para aquellos niños que, durante el confinamiento, no disponen de los recursos necesarios para seguir al día sus estudios. 

Aunque la tasa de conectividad en España es muy alta, el 9,2 % de los hogares con ingresos bajos que tienen niños carecen de acceso a internet. Eso representa que cerca de 100.000 hogares no pueden conectarse, según advierte UNICEF

Numerosas entidades se han puesto manos a la obra para que este curso escolar no esté perdido para los niños que se encuentran en esa situación.En Elche se puso en marcha un proyecto piloto para distribuir equipos informáticos a familias desfavorecidas. Lo mismo hizo la Fundació Pere Tarrés. Indra, en colaboración con Cruz Roja, repartió tablets a menores en situación de vulnerabilidad para que pudieran mantenerse al día de sus clases.

Una encuesta realizada en Ciudad de Mexico expone el problema de que muchos alumnos accedían a internet mediante sus dispositivos móviles y ahora, ante la imposibilidad de acudir a bibliotecas o a sus centros de estudios para realizar videollamadas, acceder a plataformas y realizar otras acciones requeridas para seguir al día con sus estudios, se encuentran en desventaja con respecto a otros compañeros.

Otra cuestión importante es la información y la seguridad a la hora de empezar a usar canales con los que no se está familiarizado. En ese sentido, Telefónica pone a disposición de niños y mayores recursos para conectarse con garantías.

Algunas cifras sobre la brecha digital en la sociedad

Hoy, Estados Unidos y China representan el 90 % del valor de la capitalización de mercados de las 70 plataformas digitales más grandes del mundo, más del 75 % del mercado de la computación en la nube, el 75 % de todas las patentes relacionadas con blockchain y el 50 % de gasto mundial de IoT (internet of things o internet de las cosas). El resto de países están más rezagados, sobre todo los menos desarrollados: solo una de cada cinco personas utiliza internet en ellos frente a las cuatro de cada cinco en los desarrollados. 

La UNCTAD, en su informe sobre la economía digital del 2019, expone que con el marco regulatorio actual esta tendencia se mantendrá y aumentará la desigualdad, no solo entre países, sino dentro de ellos. Pero, ¿qué factores influyen para tener acceso a las TIC? Los ingresos, el género, la edad, la infraestructura la formación y la geografía afectan al número de hogares conectados y al uso que la población hace de internet, parámetros con los que se mide la brecha digital.

Para analizarla de una manera aún más clara, se podría hablar de dos tipos de brecha: por un lado, la disponibilidad de infraestructuras (que generalmente tiene que ver con la división entre el campo y la ciudad y por el nivel económico); y, por otro, la motivación, los usos y las habilidades una vez que se tiene acceso a él.

En 2020, más de la mitad de la población mundial está conectada. Este incremento en la conectividad se debe al crecimiento sostenido en los países de renta media-baja y media-alta. El precio de los datos móviles se ha hecho más asequible a más personas, al tiempo que se ha extendido la cobertura de los móviles, incluidos los 3G y 4G.

En el último trimestre de 2019 en España, un 63,5 % de las mujeres y un 63,7 % de los hombres de 65 a 74 años tenía equipos de TIC (televisión, teléfono, equipamiento informático, acceso a internet) en casa y usaba internet y el comercio electrónico. Paralelamente, el porcentaje de uso de la población comprendida entre los 16 y los 44 años oscila entre el 97 y el 99 %, con una mínima diferencia entre géneros. De esto se desprende que, a más edad, menor uso de internet por razones como la falta de conocimientos y habilidades o la falta de interés en lo que la sociedad de la información puede ofrecer. 

Una vez más, ha llegado el momento de convertir los límites en oportunidades. Nos está tocando lidiar con una situación sin precedentes para la que nadie estaba preparado. Los efectos negativos que tendrá son innegables. ¿Qué tal si nos centramos en buscar los positivos? Elijamos ver esta crisis como un punto de inflexión que puede derivar en una homogeneización de las habilidades y los recursos digitales. Pero, para ello, hace falta un compromiso firme por parte de las administraciones públicas y un esfuerzo generoso por parte de las empresas y de la sociedad.

1 Comments
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Luis Pardo Céspedes

CEO de Sage para España y Portugal. Mi pasión es hacer crecer negocios, PYMES y personas a través de digitalización, innovación y liderazgo. Mi último libro trata sobre #humanismodigital.

    1 comentario

    1. Julio
      abril 30, 2020en10:43 am

      Muy buen artículo!
      Frase clave, convertir límites en oportunidades.

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