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La privacidad en la era digital: ¿el fin de la libertad?

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privacidad

La dimensión más importante de la libertad personal es la privacidad. Este último concepto no tiene una definición fija, sino que ha ido variando a lo largo de los siglos en función del contexto socioeconómico y político. La transición de lo analógico a lo digital ha propiciado que el término «privacidad» adquiera una nueva dimensión, trastocando los valores o ideales tradicionales. 

Las nuevas tecnologías han revolucionado nuestro sistema actual: la constante innovación hace que nada permanezca y todo se transforme a un ritmo vertiginoso, desde los modelos de negocio y las nuevas profesiones hasta las posibilidades inmediatas de comunicación, conectividad y accesibilidad a servicios y productos. 

LOS DATOS YA NO SON PRIVADOS

En esta cuarta revolución, los datos son protagonistas. Se recolectan por un número de dispositivos que va en aumento: cámaras, micrófonos, dispositivos aéreos, redes inalámbricas de sensores o móviles, entre otros. Los distintos tipos de software permiten procesar y analizar estos datos, pero esta tarea ya no es exclusiva de los gobiernos y grandes empresas tecnológicas, sino que está al alcance de casi cualquier persona, difuminando las fronteras entre lo público y lo privado. 

Es en este punto donde surgen los interrogantes: ¿Dónde está el límite de mi privacidad? ¿Hay alguna entidad que salvaguarde mis derechos de privacidad? ¿Qué papel deben desempeñar los gobiernos respecto a la protección de los datos personales?

En la era tecnológica, la privacidad es concebida casi únicamente como privacidad digital. En términos generales, podría entenderse como el control que ejerce un determinado usuario sobre los datos propios existentes en internet, limitando el acceso de terceros a su información privada. El problema radica en que muchos de los consumidores de la red desconocen cuáles son sus derechos sobre sus datos o quién está accediendo a ellos, perdiendo así gran parte de su intimidad y, por ende, de su libertad, transferida a los organismos proveedores de cada servicio. 

La privacidad se ve afectada diariamente de formas muy diversas, con unos límites poco definidos: estamos continuamente comunicando datos sobre nosotros y nuestras actividades, a veces sin darnos cuenta. Las ciudades inteligentes, por ejemplo, están permanentemente vigiladas por cámaras con el objetivo de garantizar la seguridad de sus habitantes o con otros propósitos como por ejemplo el de observar la densidad del tráfico. No obstante, estas filmaciones recogen una cantidad ingente de datos sobre nosotros, muchas veces sin que nos demos cuenta ni hayamos dado nuestro consentimiento, llegando a penetrar en ámbitos de la vida que deberían ser ajenos a terceros.

Las cámaras de vigilancia no son el único ejemplo de injerencia en nuestra privacidad. Las empresas irrumpen en nuestro espacio personal fuera del horario laboral porque estamos conectados y localizables. La conectividad de la que disponen nuestros teléfonos móviles genera información para las empresas sobre nuestros intereses, gustos y hábitos de consumo, haciendo que, de algún modo, estemos constantemente monitorizados. 

¿CÓMO SE DEBE DE PROTEGER LA PRIVACIDAD?

El procesamiento de datos ha permitido el desarrollo de nuevas tecnologías que hacen nuestra vida más fácil pero, al mismo tiempo, propician brechas de seguridad.

La gestión inteligente de la información en el mundo digital conlleva una gran responsabilidad. Los dispositivos, las interfaces, las infraestructuras privadas y la nube están permanentemente conectados y crean oportunidades para que los hackers puedan acceder a la “conversación” y secuestrar datos y sistemas. El coste de no tener estos activos protegidos es muy alto y, por ello, construir defensas es prioritario, no solo para las empresas sino también en la esfera política.

Existen aspectos comunes que toda entidad que gestione datos debe tener en cuenta: las personas, los procesos y la tecnología. Para proteger y prevenir las potenciales amenazas deberíamos tener en mente conceptos como encriptación, sistemas de detección de intrusos de red (NIDS), firewalls, software de análisis de vulnerabilidades, pruebas de intrusión, información de seguridad y gestión de eventos (SIEM) y prevención de pérdida de datos (DLP). 

Las instituciones también han desarrollado medidas para garantizar la seguridad y la privacidad de los datos mediante legislación. El Reglamento General para la Protección de Datos hace especial hincapié en los requisitos legales respecto a la privacidad digital que deben cumplir las páginas web: el aviso legal, la política de privacidad y la política de cookies. No obstante, ante la irrupción de la inteligencia artificial y sus capacidades, todavía no reguladas, surge un debate: ¿cómo se puede plantear la normativa que regule la IA para que no frene su desarrollo? 

LA SEGURIDAD EN EL SECTOR FINANCIERO

El sistema financiero es uno de los más afectados por la digitalización, y ofrecer seguridad es una necesidad imperiosa para este sector, ya que todos somos dependientes de él. Sin embargo, también es uno de los que mejor ha sabido aprovecharse de la integración de  la tecnología, aspecto que se ejemplifica en el blockchain, la innovación con mayor potencial disruptivo en la economía, los negocios y las finanzas. 

Esta tecnología, concebida como un gran libro de registro inmutable donde cada transacción que se realiza queda registrada y protegida por cada uno de los nodos en los que se comparte, aporta un protocolo para transmitir valor de forma descentralizada y desintermediada.

Las transacciones en esta cadena de bloques ascienden a más de 100.000.000 en 140 países. Dichos intercambios fomentan las relaciones entre las personas a la vez que garantizan su privacidad y su seguridad. Para muchos es un proceso con potencial democratizador, porque permite a los ciudadanos acceder directamente a toda la información y realizar transacciones sin tener intermediarios privados ni públicos. 

Los cambios constantes en los que estamos inmersos debido a la irrupción de nuevas tecnologías requieren una adaptación continua de los procesos y las personas. La cantidad de datos que se generan diariamente y su fácil accesibilidad crean un problema de privacidad y de seguridad. La esfera de la intimidad se ve reducida si los datos que han recopilado los gobiernos y las empresas no están debidamente protegidos. Asimismo, la privacidad está estrechamente relacionada con la seguridad: si no podemos garantizar la segunda, la primera se verá dañada irremediablemente. Por eso no debemos posponer una reflexión social y política en torno a esta nueva realidad que sea profunda y comprometida y que lleve a soluciones tangibles.

2 Comments
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Luis Pardo Céspedes

CEO de Sage para España y Portugal. Mi pasión es hacer crecer negocios, PYMES y personas a través de digitalización, innovación y liderazgo. Mi último libro trata sobre #humanismodigital.

    2 Comentarios

    1. Juan Nieto
      febrero 25, 2020en2:07 pm

      Interesante debate pero este post trata demasiados temas como para poder asimilarlos.

      Empezaría discutiendo la primera afirmación:
      «La dimensión más importante de la libertad personal es la privacidad.»

      Un preso, no tiene un Google Assitant en su celda que le escuche, no tiene un móvil (al menos no legalmente) que le geolocalice, tiene protección judicial sobre el secreto de sus comunicaciones, pero a nadie se le ocurriría decir que es libre, así que, aunque no soy filósofo, debe haber otra dimensión más importante que la privacidad (Siendo esta muy importante).

      • Luis Pardo Céspedes
        marzo 19, 2020en9:12 am

        Gracias por la reflexión, Juan.

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