Humanismo digital, Management y talento

El valor de los valores en la era digital

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Es innegable que en los últimos años han surgido nuevas formas de relaciones humanas. Las relaciones a distancia eran antes la excepción (amigos o parejas por correspondencia, por ejemplo), ahora están a la orden del día.

Conocer gran cantidad de información sobre alguien antes de verle en persona por primera vez es otra característica de las nuevas relaciones que antes no se daba.

Los más jóvenes han nacido y crecido rodeados de herramientas que faciclitan el contacto y la comunicación pero que no están excentas de riesgos. El principal: la continua exposición, no siempre deseada.

A mí me sigue gustando quedar cara a cara para tomar un café. Intentaré que esa relación personal nunca desaparezca. Creo que la tecnología nos ayuda a poder abarcar un poco más o a cambiar los ritmos para ser más productivos, pero no debe ser el hilo conductor de nuestra comunicación con los demás. La psicología moderna ya ha detectado numerosos trastornos relacionados con las nuevas tecnologías: ansiedad, fobias, consecuencias del ciberacoso… Todo esto es preocupante y debemos luchar con firmeza contra ello, pero mantengo que la raiz del problema no está en el medio en sí sino en cómo se utiliza.

Aquí es donde entran en juego los valores con los que nos presentemos ante la tecnología. Esos valores importan más que nunca en la era digital porque son los que acotarán el alcance de la tecnología. Son la dignidad, la inteligencia emocional, la creatividad y el sentido común los que deben dictar las normas. En el entorno digital, como en cualquier otro entorno o época, volvemos a encontrar las directrices de actuación en la dimensión ética.

Los valores cambian porque cambian las necesidades

Las necesidades materiales han sido sustituidas o complementadas por otras más intangibles. Seguimos valorando la propiedad privada o nuestros recursos pero cada vez priman más las necesidades de reconocimiento, autorrealización y afiliación que no se encontraban en la base de la pirámide descrita por el psicólogo Maslow en 1908.

Pirámide de necesidades de Maslow

Y si cambian las necesidades que reclaman las personas cambiarán también sus valores y su forma de actuar para perseguir esas aspiraciones.

Es imposible hablar de ética y digitalización sin mencionar los dilemas éticos derivados de la falta de privacidad. Cada día vemos sugerencias de productos que hemos consultado previamente o solicitudes de amistad de personas que no conocemos en persona, por no hablar de empresas que controlan a sus empleados de forma ilícita o de la intervención de hackers.

El debate sobre la ética en internet se ha nutrido de numerosos artículos, reportajes y opiniones de toda índole vertidas en las redes. La dificultad para que quien lo desee borre su rastro digital, la existencia de influencers creados digitalmente que cuentan con millones de seguidores, casos de acoso hacia personajes públicos o hacia menores… Los retos no son pocos, pero sus diversas soluciones se resumen en una: la actuación según un sentido ético elevado. Incluso el Vaticano se ha pronunciado a propósito de la ética en el mundo digital, sugiriendo evitar la “censura previa de los gobiernos” y proponiendo la autorregularización: que sean los usarios los que utilicen internet “de un modo maduro y disciplinado, con propósitos moralmente buenos”.

Las normas que deben regir esta vorágine de novedades que es nuestra relación con el entorno digital no difieren mucho de los principios que imaginó Isaac Asimov para la robótica. El primero de ellos, el más importante, proclamaba que un robot nunca debía dañar a un ser humano. Aunque no hablemos de uno de esos androides con forma humana sino de —por ejemplo— una red social, el principio debe ser el mismo: el ser humano y su esencia siempre debe quedar por encima de la tecnología. Y por muy inteligentes que alcancen a ser estas, siempre las decisiones últimas debe tomarlas el ser humano en función de su ética y sus valores, esos que no cambian por mucho que cambien los medios, los hábitos o las herramientas.

A pesar de todos los riesgos detectados y los cambios mencionados en las relaciones personales, estoy convencido de que, si recordamos los valores humanistas y nos guiamos por una ética adaptada al entorno actual, la revolución tecnológica nos hará mejores.

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Luis Pardo Céspedes

Consejero Delegado - EVP Sage Iberia. Mi pasión es hacer crecer negocios, PYMES y personas a través de digitalización, innovación y liderazgo. Mi último libro trata sobre #humanismodigital.

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