Humanismo digital, PYMES

Empresas sociales: mucho más que ONG

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Los millennials, la generación nacida en los ochenta y los noventa, exigen una transformación del mercado que trascienda principios como la búsqueda de la máxima rentabilidad o los mayores beneficios. Al mismo tiempo, si se decantan por emprender, esperan participar en el mundo con negocios que dejen una huella positiva entre sus vecinos y compatriotas. No basta con responder a sus necesidades o apetitos de consumo. Quieren que vivan mejor. 

Las organizaciones no gubernamentales han perdido atractivo como instrumentos para cambiar el mundo. En España, muchas de ellas apenas tuvieron en cuenta hasta la crisis las necesidades de transparencia y rigurosa evaluación de impacto y las ideas innovadoras que les pedían sus socios y pequeños mecenas. Aunque esto, con los recortes de las subvenciones, ha evolucionado, quizás haya llegado demasiado tarde para miles de jóvenes, que consideran que los negocios sociales son más eficaces, participativos y transparentes. 

Este cambio de paradigma se refleja, por ejemplo, en el surgimiento en España de plataformas de crowdfunding responsable como la Bolsa Social y de aceleradoras como Ship2b, CREAS o UnLtd. Todas ellas han convertido este sector en un fenómeno incipiente, sí, pero también capaz de movilizar millones de euros. 

Los emprendedores del cambio social

Entre los proyectos que han destacado en los últimos años encontramos, por ejemplo, Discubre, que consiste en un mercado digital para productos y servicios orientados a personas con discapacidad. Este marketplace pone en relación a las tiendas y los profesionales por un lado y a las personas con discapacidad y sus familias por otro. La idea es que se pueda acceder de este modo a una oferta abundante y a precios competitivos de productos como sillas de ruedas con distintas especificaciones, bañeras adaptadas o camillas plegables. Adicionalmente, profesionales como fisioterapeutas, logopedas o psicólogos disfrutan de la oportunidad de ofrecerse a clientes y pacientes. Es un comercio electrónico de nicho. 

Koiki y DisJob también ayudan a los más vulnerables creando marketplaces innovadores. La primera proporciona un servicio sostenible de paquetería (los paquetes se llevan andando, en coche eléctrico o en bicicleta), donde buena parte de sus profesionales son personas en riesgo de exclusión social. Es una forma ingeniosa y muy especial de responder al gran desafío que supone la última milla, por ejemplo, para las tiendas online. Disjob, por su parte, ha creado una especie de mercado de trabajo digital para discapacitados que buscan empleo. Multinacionales como Pepe Jeans o FNAC ya han utilizado esta herramienta para incorporar estos perfiles en sus procesos de selección. La plataforma ya lleva contabilizadas más de 5.000 contrataciones.

Otro ejemplo de empresa social española es Whatscine, una aplicación móvil que permite que los sordos o los invidentes pueda disfrutar de una película. Básicamente, integra tres sistemas de accesibilidad (audio-descripción, subtitulado adaptado y lenguaje de signos) mediante los que sus clientes pueden escuchar o leer los diálogos de forma instantánea a través de su dispositivo. Esta app ya se encuentra operativa en Movistar + y en 500 los cines de las cadenas Yelmo, Cinesa, Galacine, Cines Dreams Palacio del Hielo, la Vaguada, Cinemundo Huesca, Grupo Sade y Areto. 

Es importante destacar, igualmente, el esfuerzo de la empresa social Telepport, un sistema de realidad virtual que ha servido, entre otras cosas, para mitigar la situación de los niños que tienen que estar internados durante largas temporadas en los hospitales. Básicamente, la realidad virtual les ayuda a sentir que se trasladan, entre otros lugares, al salón de sus casas o a sus habitaciones de juegos y que vuelven a estar rodeados por sus amigos y sus padres como antes de la embestida de la enfermedad. 

Por último, Neki es un ejemplo fascinante de cómo la hiperconectividad mediante sensores puede mejorar nuestro bienestar y el de nuestros seres queridos. Los ancianos con demencia o Alzheimer que quieren seguir gozando de cierta autonomía para realizar, por ejemplo, pequeños recados, pueden hacerlo si llevan pulseras, collares o cinturones sensorizados. De ese modo, estarán geolocalizados en todo momento y sus cuidadores y seres queridos sabrán en tiempo real si se han salido de una determinada zona de seguridad. Esto puede significar que se han perdido al ir a comprar el pan y que se encuentran desorientados.  

Los ejemplos de este tipo de iniciativas son, por suerte, múltiples. Puestos a emprender y a buscar un nicho de mercado, ¿por qué no indagar en ideas que además mejoren la sociedad en la que vivimos?

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Luis Pardo Céspedes

Consejero Delegado - EVP Sage Iberia. Mi pasión es hacer crecer negocios, PYMES y personas a través de digitalización, innovación y liderazgo. Mi último libro trata sobre #humanismodigital.

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