Humanismo digital

¿Puede el arte prescindir de lo humano?

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Siempre que tengo ocasión, me paso por el Espacio de Fundación Telefónica en Madrid. Suelen tener exposiciones interesantes y esta vez no fue la excepción.

Había una muestra de TeamLab, un colectivo artístico interesado en explorar a través del arte digital nuevas formas de relación del ser humano con la naturaleza y el mundo que le rodea. Fue fundado en 2001 por Toshiyuki Inoko y está formado por cientos de profesionales. Aunque se llaman “colectivo artístico”, en su grupo también hay ingenieros, matemáticos, arquitectos y otros profesionales.

Se definen a sí mismos como “ultratecnólogos” porque utilizan la tecnología como herramienta para expandir las experiencias y el conocimiento, guiados por una “poderosa inquietud humanística”.

En plena promoción de mi libro Viaje al centro del humanismo digital, pensé que no había nada más humano que el arte, y que por tanto, todo aquello que uniera tecnología con arte debía interesarme por fuerza. 

Existe la idea generalizada de que lo digital nos aísla, nos aleja de los demás y de nuestra realidad, nos separa. Este colectivo se pregunta: ¿puede también unirnos, servir de puente?

Junto al acceso a la muestra había un cartel inquietante: “El espacio de la instalación puede desorientar, recórrelo con cuidado”. ¿Estarían hablando de forma literal o metafórica?

La exposición solo constaba de tres obras. La primera se titulaba Black Waves: Lost, Inmersed and Reborn (“Olas negras: perdido, sumergido y renacido”). Sin duda el título habla del propio espectador, ya que esa obra se extiende por toda la sala y hace que el que la contempla se sienta de alguna de esas tres maneras. En ella se puede apreciar una forma orgánica hecha con programación digital: se trata de unas olas creadas artificialmente mediante 3-D. Simula ser una gran masa de agua aunque, si uno se acerca, percibe en ella destellos del mundo digital, partículas geométricas que no son del todo naturales.

teamLab, ​Flutter of Butterflies Beyond Borders, Ephemeral Life born in Au-delà des limites, 2018, instalación en La Villette, París. © teamLab, cortesía de Pace Gallery.

En la segunda obra, Flutter of Butterflies, el espectador puede interactuar de una forma aún más directa. El enjambre de mariposas se encuentra en una superficie táctil que reacciona a los movimientos del espectador. Desde lejos vi a una persona interactuando con el panel y deduje que tenía más información que yo, porque parecía saber lo que hacía y las mariposas bailaban al son de sus movimientos; pero cuando me enfrenté solo a la obra descubrí que esta me invitaba a probar: ¿las mariposas se alejaban de mi mano o convergían en ella? Solo pasados unos minutos me di cuenta de que estaba conversando con la obra, por sencilla que esta pareciera en un inicio. Después me enteré de que los bellos patrones generados por las coloridas mariposas no se repetían nunca. Con esta pieza tan sencilla, TeamLab conseguía incidir, gracias a la tecnología, en el concepto tradicional de arte. No solo los espectadores cobran protagonismo, sino que nadie ve la misma obra que ya vio otra persona. Aunque la pieza mostrada parezca simple, el concepto que arroja es del todo interesante. La tecnología no elimina la esencia del arte, sino que está preparada para estar al servicio de este y ampliar sus límites.

teamLab, ​Enso – Cold Light, 2018. Instalación digital, loop continuo. © teamLab, cortesía de Pace Gallery.

La última de las obras indagaba en lo que TeamLab llama la “caligrafía espacial”. En ella traducen la fuerza de un trazo sobre papel a una pincelada tridimensional y en movimiento. La obra se llama Enso – Cold light y es un homenaje a una práctica zen consistente en dibujar un círculo de una sola pincelada. Dicho círculo simboliza el momento en el que la mente se libera para que el cuerpo o el espíritu puedan crear, y esta instalación invita a verlo suspendido en la nada, recorrerlo desde todos los ángulos posibles para que el espectador sienta la fusión de sus sentidos con el trazo.

Esos espacios inmersivos eran, en efecto, una forma de humanizar la tecnología, de convertirla en algo tan típicamente humano como el arte. Las tres propuestas eran totalmente inútiles en un sentido práctico. Solo servían para admirar su belleza o preguntarse por su ejecución, para relajarse o para sentir inquietud. En definitiva, tenían las mismas cualidades que una obra de arte. Y, como tal, eran absolutamente necesarias.

Es inevitable que haya quien dude de este tipo de técnicas. Quien piense que la mano del artista es insustituíble y que todo lo que se construya con máquinas será inevitablemente peor. Pero pensemos una cosa: en todas las épocas los artístas han utilizado los medios a su alcance para plasmar su visión del mundo. Y en la era digital no podemos obviar que las herramientas tecnológicas se suman a la bolsa de utensilios de los artistas. Las cuestiones universales de las que querrán hablar seguirán siendo las mismas, pero las posibilidades de lo digital permitirán ampliar la experiencia del arte y conectar —nunca mejor dicho— con los espectadores desde su sensibilidad actual.

Foto de portada: teamLab, ​Black Waves: Lost, Immersed and Reborn​ , 2019, Digital Installation, Continuous Loop, ​Sound: Hideaki Takahashi.  © teamLab, courtesy Pace Gallery

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Luis Pardo Céspedes

Consejero Delegado - EVP Sage Iberia. Mi pasión es hacer crecer negocios, PYMES y personas a través de digitalización, innovación y liderazgo. Mi último libro trata sobre #humanismodigital.

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