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Transhumanismo: ¿un destino inevitable?

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El transhumanismo es un movimiento intelectual y cultural de carácter internacional que nació en los 80 en Estados Unidos cuyo objetivo último es transformar la condición del ser humano a través del desarrollo y la tecnología. Es decir, mejorar las capacidades de las personas a nivel físico y psíquico, superar nuestros límites mediante la integración con la tecnología.

Hay numerosos pensadores que estudian y analizan los beneficios y los riesgos para las personas del transhumanismo, así como la aplicación de la ética a la hora de desarrollar e implementar este tipo de desarrollos. Estaríamos atendiendo a una transformación forzosa de la especie, una evolución del ser humano al ser poshumano, simbolizado como H+.

La aplicación del transhumanismo supondría superar las limitaciones del ser humano tal y como las conocemos y tiene, como no podía ser de otra manera, partidarios y detractores. Mientras Francis Fukuyama cree que el transhumanismo es “la idea más peligrosa del mundo”, Ronald Bailey sostiene que “personifica las más audaces, valientes, imaginativas e idealistas aspiraciones de la humanidad”. Kevin Warwick, por su parte, ya amenazaba en 2004: “A los que queráis seguir siendo humanos, os digo una cosa: en el futuro seréis una subespecie”.

¿Somos ya transhumanos?

El debate está servido y la cuestión os la planteaba hace poco en un post: ¿somos ya ciborgs? El ciborg es, por definición, “una criatura compuesta de elementos orgánicos y dispositivos cibernéticos generalmente con la intención de mejorar las capacidades de la parte orgánica mediante el uso de la tecnología”.

Si somos fieles a esta definición, las prótesis y los implantes médicos ya han protagonizado un nuevo giro en la teoría de la evolución. Sin embargo, muchos consideran que esta alteración médica no es transhumanista ya que lo que permiten estos avances es recuperar una habilidad mecánica intrínsicamente humana que había sido perdida, pero no incrementa las capacidades de la persona.

Está ampliamente aceptado el uso de la tecnología en nuestro cuerpo para sanar aquello que no funciona adecuadamente y/o recuperar calidad de vida. Para muchos, evolucionar de ser humano a cíborg ha sido una decisión, literal, de vida o muerte, pero, ¿dónde pondremos el límite? Te invito a reflexionar.

¿Cuántas veces has dicho “me he queado sin batería” refiriéndote a que tu teléfono móvil se ha apagado, pero te incluyes en ese modo off de manera inconsciente? Yo, lo reconozco, casi siempre. Los dispositivos electrónicos como los smartphones, aunque no los llevemos implantados, son una parte integral de nuestra vida y en ocasiones ni siquiera nos hemos planteado cómo esta convergencia ha transformado la humanidad.

Una corriente heterogénea

Los límites del transhumanismo son desconocidos. Hay voces extremas que creen que las personas dejaríamos de ser entes orgánicos ya que será posible dejar atrás el cuerpo, frágil, y cargar lo que somos en un ordenador y vivir eternamente en un mundo virtual. ¿Posible o imposible?

Similar a esta postura es la teoría que sostiene José Luis Cordeiro, según la cual el ser humano alcanzaría la muerte de la muerte antes de 2045 gracias al progreso de la ciencia.

El filósofo inglés Julian Baggini no cree que estaremos convencidos de embarcarnos en esa dirección tan sumamente deshumanizante aunque tengamos la posibilidad técnica de hacerlo.

Neil Harbisson: el primer cíborg de la historia de la humanidad

El transhumanismo es real. Su nombre es Neil Harbisson y ha sido reconocido oficialmente por el gobierno británico como el primer cyborg de la historia. Puede parecer un cuento de ciencia ficción, pero no lo es.

Nació con una enfermedad congénita (acromatopsia) que le impide ver los colores. Gracias a la implantación de una antena en su cabeza, Neil Harbisson ha dejado de vivir en blanco y negro al transformar las señales del espectro de luz en sonidos que sí pueden ser interpretados por el cerebro de Harbisson. Se podría decir que es el ciborg que «escucha los colores». Fascinante.

Otra historia es la de la hacker Lepht, que se autoimplantó 50 chips y varios imanes para que su cuerpo fuera mejor y cuya historia podéis leer aquí.

Sí, el transhumanismo es el futuro

Respondiendo a la pregunta del título del post, sí, creo que el transhumanismo es un destino inevitable y futuras generaciones lo aceptarán como una condición más de su época de la misma manera que nosotros aceptamos Internet como un avance (y triunfo) de la nuestra.

Formar parte activa de nuestra propia evolución biológica ya es una opción, pero, ¿podemos interferir en la evolución natural de la especie? La respuesta es sí, podemos, pero la pregunta adecuada que debemos responder es si debemos interferir. La ética en esta transformación es más importante que nunca y debe tener un papel protagonista. La filosofía no puede eliminarse de la ecuación en el debate sobre el mundo que viene a merced de la tenología.

Debemos ir acostumbrándonos a estos nuevos estilos de vida que la tecnología permite y que modifica la esencia de las personas. El transhumanismo sustituirá al homo sapiens por un homo más avanzado, más inteligente, más fuerte y, en defintiiva, mejor. Pero, espero, sin perder la cualidad más característica del ser humano: la humanidad, la ética.

*Fotografía del artista Stelios Arcadiou

1 Comments
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Luis Pardo Céspedes

Consejero Delegado - EVP Sage Iberia. Mi pasión es hacer crecer negocios, PYMES y personas a través de digitalización, innovación y liderazgo. Mi último libro trata sobre #humanismodigital.

    1 comentario

    1. Eugenio Criado.
      abril 3, 2019en12:03 am

      He visto varios videos de Jose Luis Cordeiro, sobre todo lo referente a la muerte de la muerte,. Dejando aparte la criticas que ha recibido, quizás con razón y fundamentadas, la falta de referencias a la ética, bajo como lo he observado yo, es como una huida hacia delante, sin parar en el presente, un como «el fin justifica los medios». me viene a la mente el texto que publique en mi ultima entrada:
      […] Para nosotros el cuerpo es una cárcel, un caparazón, demasiado estrecho, demasiado frágil, demasiado imperfecto.[…]
      Me pregunto ¿se han parado realmente a conocer el cuerpo, su cuerpo, aparte de someterlo al ejercicio deportivo para estar en forma y que a menudo es un mandato de la mente sobre su esclavo, el cuerpo? y me refiero a la mayoría de los transhumanistas, aunque de momento confieso que es una presuposición, están mas en la cabeza, en su ego, desde el punto de vista de ver superando ya a la misma naturaleza.
      Continuamente nuestro ego se ha estrellado estrepitosamente cuando se ha creído haber dominado a la naturaleza, para ejemplo, un botón, el mar de Aral, casi seco en solo 50 años.
      Para nada digo que tengamos que parar, sino que hay que avanzar con mas humildad, honestidad, conociendonos mejor a nosotros mismo como punto de partida.

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