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Y tú ¿qué querías ser de mayor?

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Aunque cuando estoy en casa no suelo dedicar demasiado tiempo a ver la televisión, debo reconocer que la semana pasada, mientras saltaba de canal en canal, descubrí un anuncio realmente inspirador para emprender. El comercial en cuestión, que publicitaba una web formativa, enfrentaba a un joven, que parecía haber dejado los estudios para ganarse unos euros con un empleo puntual, con su propio yo de niño quien, extrañado, le miró y preguntó: Pero ¿no habíamos quedado en que íbamos a ser piloto de avión?

Gran pregunta. En qué habíamos quedado. A qué nos dedicamos ahora y a qué quisimos siempre dedicarnos cuando éramos sólo unos críos, lo que respondíamos cuando los adultos nos preguntaban que qué queríamos ser de mayor. Parece increíble cómo una pregunta tan simple, y aparentemente infantil, puede enfrentarnos a una realidad extremadamente incómoda y capaz de cambiar de raíz nuestra vida.

¿Estamos verdaderamente satisfechos con lo que hacemos, con nuestra profesión? ¿Qué tendríamos que cambiar para que nuestro niño interior estuviera satisfecho con nuestro yo adulto? Esta pregunta, enfrentada de cara, puede ser la chispa que prenda la mecha. El guisante que, como le pasó a la princesa del cuento, no nos permita conciliar el sueño. El interrogante con el que se comienza a gestar cualquier empresa.

No importa si esta pregunta crucial se hace temprano o más bien tarde. Si responderla significa arrancar de cero o tener que derribar viejas estructuras para construir otras nuevas. Nunca sabremos qué cuesta más o qué cuesta menos porque, en realidad, apostar por lo que uno quiere, por lo que uno sueña, siempre es un riesgo da miedo seas quien seas. La actitud ante ese miedo es lo esencial, lo que cambia la respuesta.

Sobre la importancia de no conformarse, de perseguir el sueño que cada uno tenga para su vida laboral,  fue uno de los temas centrales que se trataron en el último Sage Summit, al que muchos tuvimos la oportunidad de asistir este verano en Chicago.

Me permito recuperar aquí alguno de los mensajes lanzados allí por Robert Herjavec y Dyamond John, dos emprendedores de raza. Ellos tienen mucho que aportar a todos aquellos que necesiten responder a la pregunta del anuncio y también a las tres dudas que suelen hacer zozobrar la voluntad de todo emprendedor justo antes de embarcarse en su proyecto. No suele fallar: son el por qué, el cómo y el para qué emprender con el objetivo de hacer realidad su sueño en lugar de guardarlo en el cajón de las promesas incumplidas:

1. POR QUÉ emprender. Por qué lanzarse a la ‘piscina’, dejar la inactividad e incomodarse con el movimiento. Por qué dejar la vida o el trabajo en el que ahora nos sentimos cómodos para embarcarnos en busca de tesoros, de realidades inciertas. Para Robert Herjavec, la respuesta está clara: porque si tienes una vida, es para arriesgar, no para comportarse como mero espectador. “Sé valiente, sé grande –nos dijo en Chicago—Tienes una vida, tienes una oportunidad. El verdadero fracaso es no seguir tus sueños por miedo al fracaso”. Con una buena planificación, con una estrategia y con perseverancia, siempre se puede encontrar la vía para triunfar.

2. CÓMO emprender, arrancar ese nuevo proyecto que te ilusiona de verdad. Dice Dyamond John que el capital con el que cuentas no lo es todo para triunfar. Sí lo es la constancia, el tener las ideas claras. “El dinero –contaba– hace posible las cosas, pero un buen negocio no es sostenible en el tiempo si no se va más allá”. Y este mensaje es importante, porque nuestra primera barrera suele ser la financiación, pensar que no daremos con la forma de conseguir dinero. Según Robert Herjavec es vital recordar siempre que no podemos controlar todo lo que nos sucede pero sí cómo actuar, como responder frente a cualquier situación. Contar con una buena planificación, conocer hasta el más mínimo detalle de lo que necesitas y de lo que quieres conseguir, rodearte de gente que crea en el proyecto. Eso son los factores clave, los que te preparan para cualquier dificultad. “Si realmente lo quieres, aprenderás a hacer cualquier cosa. Si no, siempre encontrarás excusas”, sentenciaba.

3. PARA QUÉ emprender, para qué apostar por tus sueños. La respuesta de Dyamond John, sería “para ser honesto, para poder sentirte orgulloso de ti” haciendo lo que quieres hacer y como siempre quisiste hacerlo. Mi respuesta sería bastante similar. La recordé la semana pasada, viendo ese anuncio del que os hablaba al principio de este post: hay que apostar por uno mismo, por los propios sueños, para no fallarnos. Para poder responder con hechos a nuestro niño interior que, si quería ser piloto, no va a entender nunca que perdamos nuestro preciado tiempo en hacer cualquier otra cosa, mejor remunerada o no.

 

 

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Luis Pardo Céspedes

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