27Aug
2015
Escrito a las 10:30 am

La mayoría de los negocios que se fueron a pique durante la crisis –2 de cada 3– no cerraron por falta de ventas, sino por falta de previsión. Tras la bonanza, cuando las cosas vinieron mal dadas, la mala gestión financiera de muchas de ellas dio fruto e hizo que se quedasen sin dinero en caja.  Sin liquidez llegó la insolvencia y  se acabó.

¿Pudo haberse evitado? Seguro. Con una buena gestión de tesorería, que controlase gastos e ingresos. Que hubiera resuelto las tensiones de contabilidad. Lo saben por experiencia empresarios como Javier Echaleku, con más de 22 años creando negocios en Internet. Sobrevivió al mal trago de ver hundirse a su empresa bajo lo que él mismo denomina “una bola de tesorería negativa”. Pero pagó deudas y volvió a emprender. Todo lo aprendido lo cuenta ahora en su blog.

El suyo no es un caso aislado.  La falta de planificación en la tesorería es principal punto débil de la pyme en España, según la lista elaborada por compañía External Financial Management. Descuidar el control de márgenes, algo que se podría evitar con medidas tan sencillas como calcular el precio de venta neto de nuestros productos o su coste real, sería el segundo fallo. En tercer y cuarto lugar, desconocer la rentabilidad de la empresa –un asunto fácil de solucionar con contabilidad analítica— y no prestar atención a la relación con los bancos.

A la vista de los datos, pudiera parecer que la gestión financiera de una empresa  no tuviera que ser una prioridad. Craso error.  Lo es. La supervivencia depende de ello. Al fin y al cabo, trabajamos para pagar facturas y poderlas cobrar. Gestionar de forma correcta la tesorería y gozar de una contabilidad sana es requisito indispensable en nuestra vida cotidiana, en nuestra propia casa. Y, por descontado, en cualquier otra actividad económica. La gestión financiera es nuestro compañero de viaje. Si le prestamos la suficiente atención, no sólo nos avisará antes de que las cosas vayan a empeorar: nos ayudará a ahorrar y a hacer crecer el negocio.

¿Quién debe encargarse de todo esto? Las grandes empresas cuentan con departamentos administrativos, la pyme no. Muchas veces el motivo de que se descuiden las cuentas es precisamente ese: la falta de tiempo, recursos o formación.  Un emprendedor, el dueño de un pequeño o mediano negocio, no tiene por qué saber de contabilidad. Siempre puede recurrir a los expertos. Un gestor financiero o un software especializado, capaz de proporcionar un control de liquidez en tiempo real, una visión a medio y largo plazo de los recursos financieros y de automatizar el intercambio de información con los bancos desde tu equipo y en la nube.

Y los emprendedores ¿necesitan llevar un control sobre su tesorería? Por supuesto. Para saber lo que necesitarán antes de lanzarse, lo que van a poder ganar y resolver las tensiones entre ingresos y costes. Es el A, B, C del mundo empresarial, donde siempre compensa eso de acordarse de Santa Bárbara no sólo cuando truena. Mejor prever que curar.

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